Indagarse a uno mismo
En la historia de hoy en día los ciclos corren muy rápido. Nueve meses después de asumir la presidencia de los Estados Unidos, sigue la luna de miel con Barack Obama, y todos parecen haber olvidado los ocho años de mandato de George Bush Jr. Se corre un curioso riesgo con la desmemoria, pues parece una versión de la vieja frase de Vázquez Montalbán aplicada al franquismo: contra Bush vivíamos mejor. Parece que muchos, en este estado de gracia internacional que vive la democracia estadounidense tras el timo de las armas de destrucción masiva, ya no sienten la necesidad de indagar en las heridas del sistema.
Y esto es más sintomático después de la movilización del mundo de la cultura norteamericana contra George Bush y sus halcones (Rumsfeld, Wolfowitz, etc.) que se dio en la primera década de este milenio. Esta presidencia ya nació viciada tras su confuso parto en las polémicas elecciones de 2000, que convirtieron a Al Gore en “el próximo ex presidente de Estados Unidos”, según su propia y amarga declaración. La guerra de Irak, la manipulación de la opinión pública, el sostenella y no enmedalla, la gestión de la catástrofe de Nueva Orleáns y por último la crisis económica derivada de las políticas neocons que fueron alentadas desde la Casa Blanca, terminaron de desacreditar a esta presidencia, levantándose voces que le achacaban ser la peor desde que George Washington hizo el primer juramento. Después de 130 años de historia independiente y 43 presidentes era una marca muy deplorable.
Tan extrema fue la situación que la cultura americana, como se ha dicho, tuvo la imperiosa necesidad de hablar de lo que estaba pasando. Eso tuvo su correlato en el mundo del cine, tanto el de ficción como el documental. Es curioso comprobar como hasta en la variante más industrial de Hollywood se infiltraron ideas liberales, como una gran desconfianza en las autoridades públicas o la defensa de la unión entre razas, como una sutil critica a la política oficial de Washington. Por citar filmes recientes, En el valle de Elah hablaba de cómo la violencia mamada por los jóvenes americanos en Irak podía volverse contra el propio país, y Ausente también contaba los problemas de volver a casa. Otros filmes han tenido el valor de hablar de la guerra en sí, como La batalla de Hadiza, sobre la matanza perpetrada por el ejército americano en esa localidad. Incluso hubo curiosas experiencias cinematográficas entre la ficción y el documental, como la realizada por el incombustible Brian De Palma en Redacted. Pero no todo se centró en la cuestión iraquí. También se indagó en otros aspectos de los años Bush, como el fanatismo religioso evangelista, bien representado en los asesores de la Casa Blanca de Bush, Jesus Champ o las prácticas económicas que degeneraron a la larga en la actual crisis económica Enron: los tipos que estafaron a América.
Estos dos últimos filmes son documentales, porque en este género cinematográfico es donde ha habido bastante acción antibush. Ha habido una necesidad de hablar in situ y durante el proceso de lo que estaba ocurriendo, lo que ha dado lugar a una serie de interesantes filmes entre la denuncia inmediata y la reflexión crítica que no deja de ser insólita. Alcances propone en este 2009 un ciclo con algunos de estos documentales dentro de su oferta de ciclos temáticos. Hay dos representaciones del gran abanderado del movimiento, Michael Moore, odiado y amado a partes iguales, y que ofreció uno de los momentos culminantes de la oposición a Bush al imprecarlo en una gala de los Oscars. Fahrenheit 9/11 es una película señera de este período, realizada con el fracasado propósito de impedir la reelección de Bush en 2004. Moore ha terminado por ahora su personal ataque a la administración republicana con Sicko, donde desvela algo que se nos pasaba más oculto, como era el poder que tenía en la anterior Casa Blanca el lobby farmacéutico, que ha llevado a importantes recortes en programas sanitarios.
Pero junto a Moore otros documentales se sumaron a esta indagación. Entre todos ellos acumulan un buen número de Oscars y nominaciones, porque hasta la Academia se sensibilizó con estos cineastas. Al descubierto: guerra en Irak habla de las verdaderas causas del conflicto. CSNY Déja Vu documenta la gira que los míticos Crosby, Still, Nash and Young realizaron hace un par de años para denunciar a la administración Bush. Se volvieron a unir sólo para esto, llegando a pedir incluso en sus conciertos el procesamiento del presidente. Rumores de guerra tal vez sea la más sutil del ciclo, pues a través de una entrevista con Robert McNamara, el que fuera Secretario de Defensa de John Kennedy y Lyndon Jonson, y uno de los cerebros de la intervención norteamericana en Vietnam, se hacen paralelismos con las guerras de aquellos presidentes y de los actuales, dejando caer que igual todo cambia para que siga igual. Aunque la última película del ciclo, Muerte de un presidente, es la que mejor evidencia el descrédito en que cayó la administración Bush al final de su mandato. Es un falso documental donde se construye con habilidad el presunto asesinato del último presidente estadounidense a base de imágenes de archivo. Que este film no fuese condenado por nadie a pesar de su corrosiva temática es la prueba del rechazo social que generaba en su propio país George Bush y que explica tanto el triunfo clamoroso de Obama como el deseo de cerrar cuanto antes un período histórico que se sentía vergonzoso.
No sabemos como tratará el tiempo a estos documentales. Pero hoy por hoy, siguen siendo un testimonio casi sangrante de una nación que necesitó indagarse a si misma en un momento de su historia donde su esencia democrática y su prestigio mundial estuvieron seriamente dañados. Un ejemplo en un mundo tan amenazado como el nuestro.
En la historia de hoy en día los ciclos corren muy rápido. Nueve meses después de asumir la presidencia de los Estados Unidos, sigue la luna de miel con Barack Obama, y todos parecen haber olvidado los ocho años de mandato de George Bush Jr. Se corre un curioso riesgo con la desmemoria, pues parece una versión de la vieja frase de Vázquez Montalbán aplicada al franquismo: contra Bush vivíamos mejor. Parece que muchos, en este estado de gracia internacional que vive la democracia estadounidense tras el timo de las armas de destrucción masiva, ya no sienten la necesidad de indagar en las heridas del sistema.
Y esto es más sintomático después de la movilización del mundo de la cultura norteamericana contra George Bush y sus halcones (Rumsfeld, Wolfowitz, etc.) que se dio en la primera década de este milenio. Esta presidencia ya nació viciada tras su confuso parto en las polémicas elecciones de 2000, que convirtieron a Al Gore en “el próximo ex presidente de Estados Unidos”, según su propia y amarga declaración. La guerra de Irak, la manipulación de la opinión pública, el sostenella y no enmedalla, la gestión de la catástrofe de Nueva Orleáns y por último la crisis económica derivada de las políticas neocons que fueron alentadas desde la Casa Blanca, terminaron de desacreditar a esta presidencia, levantándose voces que le achacaban ser la peor desde que George Washington hizo el primer juramento. Después de 130 años de historia independiente y 43 presidentes era una marca muy deplorable.
Tan extrema fue la situación que la cultura americana, como se ha dicho, tuvo la imperiosa necesidad de hablar de lo que estaba pasando. Eso tuvo su correlato en el mundo del cine, tanto el de ficción como el documental. Es curioso comprobar como hasta en la variante más industrial de Hollywood se infiltraron ideas liberales, como una gran desconfianza en las autoridades públicas o la defensa de la unión entre razas, como una sutil critica a la política oficial de Washington. Por citar filmes recientes, En el valle de Elah hablaba de cómo la violencia mamada por los jóvenes americanos en Irak podía volverse contra el propio país, y Ausente también contaba los problemas de volver a casa. Otros filmes han tenido el valor de hablar de la guerra en sí, como La batalla de Hadiza, sobre la matanza perpetrada por el ejército americano en esa localidad. Incluso hubo curiosas experiencias cinematográficas entre la ficción y el documental, como la realizada por el incombustible Brian De Palma en Redacted. Pero no todo se centró en la cuestión iraquí. También se indagó en otros aspectos de los años Bush, como el fanatismo religioso evangelista, bien representado en los asesores de la Casa Blanca de Bush, Jesus Champ o las prácticas económicas que degeneraron a la larga en la actual crisis económica Enron: los tipos que estafaron a América.
Estos dos últimos filmes son documentales, porque en este género cinematográfico es donde ha habido bastante acción antibush. Ha habido una necesidad de hablar in situ y durante el proceso de lo que estaba ocurriendo, lo que ha dado lugar a una serie de interesantes filmes entre la denuncia inmediata y la reflexión crítica que no deja de ser insólita. Alcances propone en este 2009 un ciclo con algunos de estos documentales dentro de su oferta de ciclos temáticos. Hay dos representaciones del gran abanderado del movimiento, Michael Moore, odiado y amado a partes iguales, y que ofreció uno de los momentos culminantes de la oposición a Bush al imprecarlo en una gala de los Oscars. Fahrenheit 9/11 es una película señera de este período, realizada con el fracasado propósito de impedir la reelección de Bush en 2004. Moore ha terminado por ahora su personal ataque a la administración republicana con Sicko, donde desvela algo que se nos pasaba más oculto, como era el poder que tenía en la anterior Casa Blanca el lobby farmacéutico, que ha llevado a importantes recortes en programas sanitarios.
Pero junto a Moore otros documentales se sumaron a esta indagación. Entre todos ellos acumulan un buen número de Oscars y nominaciones, porque hasta la Academia se sensibilizó con estos cineastas. Al descubierto: guerra en Irak habla de las verdaderas causas del conflicto. CSNY Déja Vu documenta la gira que los míticos Crosby, Still, Nash and Young realizaron hace un par de años para denunciar a la administración Bush. Se volvieron a unir sólo para esto, llegando a pedir incluso en sus conciertos el procesamiento del presidente. Rumores de guerra tal vez sea la más sutil del ciclo, pues a través de una entrevista con Robert McNamara, el que fuera Secretario de Defensa de John Kennedy y Lyndon Jonson, y uno de los cerebros de la intervención norteamericana en Vietnam, se hacen paralelismos con las guerras de aquellos presidentes y de los actuales, dejando caer que igual todo cambia para que siga igual. Aunque la última película del ciclo, Muerte de un presidente, es la que mejor evidencia el descrédito en que cayó la administración Bush al final de su mandato. Es un falso documental donde se construye con habilidad el presunto asesinato del último presidente estadounidense a base de imágenes de archivo. Que este film no fuese condenado por nadie a pesar de su corrosiva temática es la prueba del rechazo social que generaba en su propio país George Bush y que explica tanto el triunfo clamoroso de Obama como el deseo de cerrar cuanto antes un período histórico que se sentía vergonzoso.
No sabemos como tratará el tiempo a estos documentales. Pero hoy por hoy, siguen siendo un testimonio casi sangrante de una nación que necesitó indagarse a si misma en un momento de su historia donde su esencia democrática y su prestigio mundial estuvieron seriamente dañados. Un ejemplo en un mundo tan amenazado como el nuestro.





