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Isaki Lacuesta

Con solo cinco filmes, el último de ellos, Los pasos dobles, que se presenta en San Sebastián, Isaki Lacuesta se ha convertido en uno de los más sólidos valores del cine español. Su estilo se caracteriza por una constante búsqueda narrativa del lenguaje cinematográfico. Sus películas juegan con el documental (Cravan vs Cravan), los límites entre la ficción y la realidad (La leyenda del tiempo), las consecuencias de la decadencia de los idealismos de los 60 (Los condenados) o la presencia de grandes figuras del cine en la historia de España (La noche que no acaba). En todas ellas, se manifiesta su honestidad como cineasta y su deseo de transgredir los límites establecidos entre los géneros. Además, Isaki Lacuesta ha explorado en obras más breves pero de gran interés alguno de las líneas del cine de vanguardia actual. Así, ha abordado en In Between Days, la correspondencia filmada entre dos personas. Las variaciones Marker es un gran homenaje a uno de sus cineastas de referencia, Chris Marker. Y en otros proyectos ha abordado la vídeo instalación. Destaca también por su labor de guionista, con trabajos como los del aclamado documental Garbo, sobre la trayectoria del famoso agente doble de la Segunda Guerra Mundial. Por último, destaca su labor docente en diversos centros de enseñanza en Cataluña.

Isaki Lacuesta demuestra pues ser un cineasta versátil que siempre consigue ser personal en cada nuevo proyecto y que recorre con autoridad las modernas líneas del audiovisual. Además, está muy vinculado a Alcances desde el principio de su etapa documental. Fue el primer ganador en 2006 con La leyenda del tiempo, película rodada en San Fernando y Cádiz, y ha demostrado su apoyo y cariño a Alcances en estos últimos años. Todo ello justifica su homenaje en la edición de 2011.

Lacuesta ha sido descrito como “un cineasta con mayúsculas, el más prometedor de los jóvenes cineastas españoles” (Jaime Pena, CGAI, Festival de Cine de Buenos Aires), y la editorial norteamericana Phaidon Press lo incluyó en el libro Take 100 como uno de los cien cineastas que marcarán el futuro del cine mundial.

Hasta la fecha ha estrenado cuatro largometrajes (Cravan vs Cravan, La leyenda del tiempo, Los condenados y La noche que no acaba), así como numerosos cortometrajes e instalaciones para exposiciones.

Los condenados recibió en 2009 el premio Fipresci de la crítica en la sección oficial del Festival Internacional de San Sebastián. La leyenda del tiempo, su segundo largometraje, se presentó en la sección oficial del festival de Rótterdam y ha sido premiada en diversos festivales internacionales. También ganó en 2006 la Caracola Alcances al Mejor Largometraje Documental. El mismo año estrenó en Locarno una correspondencia filmada con la cineasta japonesa Naomi Kawase, In between days.

Cravan vs Cravan (2002) fue escogida por la crítica como la mejor ópera prima del año con el Premio Sant Jordi RNE. Entre otros premios, recibió en el Festival Internacional de Cine de Sitges los galardones al director revelación y el del público a la mejor película.

También ha escrito varios guiones de largometraje, entre los que destaca Garbo, dirigido por Edmon Roch, Goya al mejor documental 2009.

Entre su trabajo expositivo pueden destacarse Microscopies (Metrònom Barcelona, 2003), Los cuerpos translúcidos y Luz azul (Artium Vitoria, 2007, junto a Isa Campo), Goggle Earth 1.0. Lugares que no existen (Fundació Sunyol Barcelona, 2009) y las instalaciones Retablo de las adivinaciones / Mullada llum (Bòlit Gerona, 2010, junto a Isa Campo).

Lacuesta compagina el cine con la docencia (en el CECC, la Universidad Pompeu Fabra y la Universidad Autónoma de Barcelona, entre otros) y con la colaboración en diversos medios escritos escribiendo artículos sobre cine, música y literatura.

Acaba de terminar su quinto largometraje Los pasos dobles, una aventura rodada en Mali, con la colaboración de Miquel Barceló, que se presenta en San Sebastián.

Tentativa de agotar la amistad con Isaki Lacuesta

1. Me acuerdo de que la primera vez que oí hablar de Víctor Iriarte fue en boca de Isaki Lacuesta, un día en Madrid, en el café Pandora, adonde le llevé a tomar algo después de ver un montaje de Los condenados con Bárbara Lennie. Me dijo que a Víctor, como a mí, le gustaba hacer películas con el teléfono móvil, y que estaba probando a colocar toda clase de lentes y objetivos sobre la cámara del teléfono. Pensé que tenía que conocer a ese hombre.

2. Me acuerdo de una conversación con Isaki en la que hablamos del blog en el que escribía Jonás Trueba. Yo le dije a Isaki que Jonás y yo parecíamos hermanos lejanos y que en algún momento tendríamos que conocernos. Meses después, Isaki me escribió diciéndome que iba a coincidir con Jonás en el rodaje selvático de Los Condenados. Y me pasó su mail. Y yo escribí a Jonás diciéndole que no nos conocíamos pero que nos conocíamos un poco.

3. Me acuerdo de ese viaje a Perú en el que conocí a Isaki, unos cuantos meses antes de conocer a Víctor. Yo acompañaba a Bárbara Lennie, que hacía un pequeño papel en la película, y recuerdo que tenía mucho interés en conocer al director de La leyenda del tiempo, una de las películas españolas que más había disfrutado en años. A pesar de ser el acompañante de la actriz, Isaki hizo que me sintiera muy a gusto desde el primer momento y empezamos una conversación sobre cine y películas que todavía se prolonga.

4. Me acuerdo de cuando Isaki se hizo flamenco. La leyenda del tiempo aún no era una película, sino un disco, un discazo, el de Camarón. Yo entonces vivía en Barcelona e Isaki me llamó para acompañarle a un concierto de El Agujetas. También me pidió la cámara e hicimos un montón de fotos en blanco y negro y alucinamos con el cante salvaje y abismal del cantaor; y aunque entonces no lo dijimos, supimos que a partir de entonces, nuestras películas deberían ser así, desbocadas, como cuando se canta a desgarro y con luna llena.

5. Me acuerdo de una entrevista que le hicieron a Isaki en la que decía que algún día le gustaría filmar una película de ciencia-ficción como Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, que también es una de mis películas favoritas, y que sentí una conexión instantánea con él aunque todavía no le conocía.

6. Me acuerdo de aquella otra noche, en el bar Llantiol, justo el último día de rodaje de Cravan, bebiendo jarabe para la tos y felices por haber terminado nuestra primera película. Bailamos al estilo europeo de pasos rápidos y cortos, eso lo aprendimos leyendo la enciclopedia catalana del boxeo. Bebimos al estilo cosaco. Nos acordamos de Bernardo Atxaga, de Buster Keaton y de Mina Loy. Fuimos toreros y poetas.

7. Me acuerdo de hace solo unas semanas, cuando Isaki vino a Madrid para presentar La noche que no acaba. Acabamos tomando cervezas en el Vicente, uno de mis bares favoritos de Madrid, hasta que Vicente nos echó y entonces propuse ir a tomar churros a la chocolatería San Ginés. Aposté a que Ava Gardner habría pasado por allí en alguna de sus noches madrileñas pero no encontré ninguna prueba contundente hasta unos días después, cuando Jesús García Dueñas, cineasta e historiador, confesó que la conoció precisamente ahí, en la puerta de San Ginés. Aquella noche hicimos honor al título de su película y recuerdo que, en algún momento, me dijo que estaba escribiendo una comedia.

8. Me acuerdo de África. Escribí a Isaki diciéndole que había soñado con un árbol blanco y que era muy importante que los personajes de su nueva película (estaba rodando Los pasos dobles) se subieran en algún momento a un árbol en recuerdo a Italo Calvino y su barón rampante. Semanas después, Isaki me envió una foto en la que aparecía subido a un baobab. La fotografía me hizo tanta ilusión que estuve a punto de tomar un vuelo a Mali, pero las advertencias sanitarias de la wikipedia me alejaron de mi sueño africano y de un abrazo en el desierto. ¡Fiebre amarilla, fiebre amarilla!

9. Me acuerdo de que durante los días que pasé en Perú, lo acompañé a filmar algunos planos de recurso en la montaña. Isaki iba acompañado de Diego Dussuel, su amigo y director de fotografía, y en un momento se detuvo frente a un árbol caído sobre la pendiente. Para él era importante filmar ese árbol.

10. Me acuerdo de la natación. Hace unas semanas le contaba a Isaki que en algún momento me gustaría escribir un texto sobre él titulado “Isaki Lacuesta: doble o nada”. Isaki me respondió diciéndome que el titular le parecía muy arriesgado, pues era posible que mucha gente eligiera “nada”. Me hizo gracia su comentario, pues como bien aprendimos en nuestras lecturas y años en Barcelona, y tal como decía Cravan en sus escritos, la primera condición para ser poeta es saber nadar. “Si eligen nada, nos tiramos otra vez a la piscina y seguimos nadando”, le dije. El problema es si eligen doble, le escribo ahora.

11. Me acuerdo de un artículo que escribió Enrique Vila-Matas en el que hablaba de Isaki y de Víctor y contaba que Víctor había hecho de sombra de Cravan en la película de Isaki y que luego Víctor le había pedido a Isaki que hiciera de sombra de Enrique Vila-Matas.

12. Me acuerdo de cuando fuimos otros. Y pienso ahora que tampoco sería ningún problema que ante el dilema de “doble o nada”, los lectores eligieran “doble”, pues tal y como cuenta Jonás en su recuerdo, una vez fuimos dobles de otros: yo de Cravan en tu película de fantasmas y tú de Enrique Vila-Matas en mi película de espías.

13. Me acuerdo de una fotografía de Isaki que hizo Óscar Fernández Orengo, otro de nuestros amigos comunes. Isaki aparece congelado durante el gesto de lanzar una piedra. Me preguntó por qué quiso arrojar esa piedra y qué quería decir con ese gesto. Cuando tiempo después Óscar quiso hacernos unas fotos a los dos juntos, Isaki sugirió hacerlas en una de las localizaciones de mi película. Isaki también quiso hacerme algunas fotos y me hizo posar junto al tronco de un árbol donde alguna pareja de enamorados había grabado sus nombres.

14. Me acuerdo de cuando Isaki fue fotógrafo del píxel. Estábamos de vacaciones en el Delta del Ebro con Isa, Santi Fillol, Andrea, Andrea G. Bermejo y el matrimonio Klotz, cuando una de las mañanas, mientras desayunábamos, pusimos sobre la mesa todas nuestras cámaras analógicas como si fueran tesoros de artillería del siglo XX. El gesto tenía algo de declaración a favor de los formatos tradicionales, de alegato en pro de la película antigua, de manifiesto anti-futurista. Hasta que Andrea G. Bermejo sacó su i-phone e hizo tres fotos perfectas mientras nosotros seguíamos midiendo con el fotómetro las sombras, la luz y los caracoles. Cuando Isaki vio el resultado digital y urgente del teléfono-cámara, decidió olvidar los objetivos pesados y entregarse al píxel telefónico y elegante de bolsillo. Ahora, cuando le llamo al móvil y no atiende, imagino que está haciendo fotos a sus gatos de Girona.

15. Me acuerdo de una charla de Isaki en la Filmoteca, junto a Javier Rebollo y Jaime Rosales en la Noche de los Libros. Jaime Rosales habló de que el cine aún tenía que independizarse de la literatura y crear su propio lenguaje, pero Isaki reivindicó el cine como arte impuro y habló de muchos libros y escritores que habían influido en sus cineastas favoritos. Después pasamos por una librería y recuerdo que le regaló a Isa Campo un libro de Conrad. Después fuimos a cenar y seguimos hablando de libros y de películas y creo que fue entonces cuando me habló por primera vez de la película que quería hacer en África. No recuerdo si fue ese día, pero también me regaló algunas películas de Claire Denis, una cineasta que creció en África, y que yo le regalé una copia de Pour la suite du monde, de Michel Brault y Pierre Perrault. Ahora que lo pienso, creo que ese título resume muy bien su personalidad como cineasta.

16. Me acuerdo de Buenos Aires. De la cena en casa de Lisandro Alonso, de cuando Quintín rompió una silla y se cayó al suelo, de bailar hasta muy tarde con una amiga llamada Larita en un bar decorado como si fuera un tablero de ajedrez, de la resaca del día siguiente y del extraño sueño que tuvimos los dos en aquella habitación con vistas del hotel Bauen: soñamos que bombardeaban Buenos Aires. No me acuerdo de habértelo dicho entonces, pero lo escribo ahora, Isaki, esto es un plan para el futuro: en algún momento, y espero que no pasen muchos años, deberíamos viajar Jonás, tú y yo a Montevideo para rodar una película entre los tres.

17. De lo que yo tampoco me acuerdo es de haberme encontrado con Isaki y Víctor alguna vez. Me doy cuenta ahora, a raíz de este texto, de que siempre hemos estado unidos pero nunca reunidos. Quizá este homenaje que le dan en Cádiz podría ser una buena oportunidad. Y este texto, la mejor coartada.

Jonás Trueba y Víctor Iriarte

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