FESTIVAL DE CINE DOCUMENTAL DE CÁDIZ, DEL 24 DE SEPTIEMBRE AL 2 DE OCTUBRE.


Retrospectiva Arantxa

Retrospectiva Arantxa


Arantxa Aguirre

Sus musas tienen memoria

Javier Tolentino    


El cine de Arantxa Aguirre es -permítanme la comparación- como esa exquisita gastronomía que se basa en el producto, en el mercado, en el puerto o en la huerta. La directora no hace experimentos con gaseosa, no es partidaria de dar la nota para que se sepa que hay una directora detrás de las cámaras. Es silenciosa, no quiere que el espectador perciba que está ahí. Su lenguaje cinematográfico no pretende inventar o reinventar a Godard, ni buscar nuevas narrativas o formas diferentes del lenguaje. Es austera, sutil, comedida, profunda y, a la vez, etérea. Nunca se pierde, sabe que todo está, de alguna manera, al servicio del espectador, del lector, del que desea, más que nada, que le cuenten una historia. Ya se evaporaron los tiempos en los que el cine documental era descriptivo, Arantxa conoce muy bien el lenguaje cinematográfico, no hay nada sin relato, sin historia, sin cuento. Y en el cine de lo real, el género que bebe en estos tiempos de todos los géneros, con mayor motivo.  
Recuerdo sus inicios como directora, con Hécuba (2006), Geraldine en España (2007) y un cortometraje documental sobre la figura del cineasta navarro Montxo Armendáriz (Montxo Armendáriz, 2009); pero, sobre todo, El esfuerzo y el ánimo (2009), quizás y, por supuesto, para mí, su obra con la que nos puso tras la pista. Ahí se percibe su tremendo amor por la danza, su conocimiento del ballet de Maurice Béjart y muy especialmente la presentación de sus credenciales como directora. Describe con la humildad y el conocimiento el gran duelo entre arte y artista, entre una compañía de ballet y los intereses de mercado, entre el respeto y la fidelidad de un genio y la libertad de creación de quien toma el relevo. No daba crédito a ese hermoso lenguaje de la cineasta, a la enorme exigencia en favor del lenguaje fílmico y ese difícil camino hacia la sencillez para entregarlo al espectador, a la espectadora. A sus depositarios.  

Después vendrían más trabajos, La gira por China (2013) una curiosa mirada al país imperial de Asia a través del ballet que también conoce, con detalles de humor pensando en Mao y en el cambio estructural gigantesco que dio China y que en estos momentos parece ya imparable. En el cine de Arantxa el espectador percibirá la cadencia y el estilo de su montaje, pareciera una partitura, un ritmo que dulcemente va llevando la historia a través de un ritmo curioso y muy medido. Sus películas no duran demasiado, tiene Arantxa metido el metraje del cine y la esencia de este lenguaje en el tuétano de su carácter. No olvidemos de donde viene esta mujer, esta cineasta, hija del director Javier Aguirre y de la actriz Enriqueta Carballeira, historia viva de un cine español de muchos quilates y por si fuera poco su código de sangre, Arantxa Aguirre ha trabajado con Basilio Martín Patino, probablemente el gran pionero y referente del cine español, con Mario Camus en una de las grandes adaptaciones literarias del cine español, La forja de un rebelde (Arturo Barea), quizás una de las producciones más injustamente olvidadas de nuestro cine. Sí, también con Luis García Berlanga, con Pedro Almodóvar y con Carlos Saura. Cuando Arantxa Aguirre, que mide muy bien su camino, decide dar el paso a la dirección lo sabe todo del cine, sus padres, sus maestros y hasta el padre de sus hijos, José Antonio López Linares, con quien debate sobre producción, guión, montaje y rodaje hasta encontrar soluciones y alternativas.
 

Cada nueva película de Arantxa Aguirre propone y muestra fidelidad en la evolución de su lenguaje cinematográfico. En Una rosa para Soler (2015) cuenta con la pianista Rosa Torres-Pardo, con la Compañía Nacional de Danza, con la bailarina Lucía Lacarra y con la cantaora Rocío Márquez para transmitirnos en clave poética e histórica la poética del olvido, la falta de memoria de este país que ha olvidado a uno de los músicos más prolíficos y ricos de nuestra historia, Antonio Soler (1750). En El amor y la muerte. Historia de Enrique Granados (2018) incorpora la animación, mapas, planos y una recreación de cómo el gran músico catalán del siglo XX aportó estilo y espíritu a la historia de la música española y que falleció junto a su esposa en la travesía del Canal de La Mancha, el transbordador en el que viajaban fue bombardeado por un submarino alemán y en la película de Arantxa ese final es casi el cierre de una opereta romántica, abrazados en el agua, el músico y su esposa fueron hundiéndose, desapareciendo, y siguen ahí, en el fondo de las aguas. Gran historia, dramática, trágica y hermosa, muy hermosa película. Un final romántico en el mismo instante en el que el público estaba reconociendo la belleza de sus composiciones.
 

Se sabía que el reconocimiento de Arantxa Aguirre no se haría esperar mucho y así fue, hasta siete candidaturas coleccionó en 2018 su bellísima película Dancing Beethoven (2016), una sofisticada Novena Sinfonía de Beethoven por parte del Béjart Ballet de Lausana y el Ballet de Tokio, acompañados por la Orquesta Filarmónica de Israel, dirigida por Zubin Mehta y en manos de esta directora se convierte en una propuesta cinematográfica donde decenas de artistas de todos los países trabajan, se esfuerzan y proponen que el mundo podría ser de otra manera si creyéramos más en los sueños y en la cultura, en la música, en el teatro, en el baile y en el cine más que en los enredos falsos de una cotidianidad que algunos se empeñan en que esa sea nuestra realidad diaria.
 

Hemos compartido muchas tardes de radio, de diálogo, de encuentro y de análisis del cine. Pero hay una noche guardada en mi memoria que se hace inolvidable. La Oficina del Parlamento Europeo me invitó un verano a programar cine al aire libre, en el mismo Paseo de la Castellana, en Madrid. Y entre varias películas, la que quise que abriera e inaugurara ese cine del estío, fue El esfuerzo y el ánimo, gran pantalla, tráfico de coches y se me hizo saber que todo el poderío técnico para quizás una película chiquita como que podríamos sustituirla por otra que llenara de ruido, sonido y efecto ese paseo tan conocido de la capital del país. Finalmente se inauguró con la película de la propuesta inicial, consiguió el mayor número de espectadores y el espectáculo de esa noche madrileña de las estrellas fue apoteósico. No se necesitan las habituales películas de acción y mega sonido para llegar al corazón de los espectadores, hace falta realizadoras, directoras como Arantxa Aguirre que desde el cine que hace defiende y difunde nuestra cultura y lo hace desde la música, desde la belleza, desde la sutileza del movimiento, de la cadencia y no le hace falta ejercicios estilísticos ni tesis sobre la renovación del lenguaje. Lo hace desde la sensibilidad, la emoción y el discreto encanto de esa cámara que se esconde detrás de una columna, como guardando el misterio, la complicidad de un espectador que llega a creer que él es el único invitado en ese viaje fílmico.
 

Sigo esperando que algún día Arantxa Aguirre nos deposite el mejor trabajo cinematográfico sobre una de las figuras de nuestra literatura, Benito Pérez Galdós. Ella es una especialista en el autor de Los episodios nacionales (1872-1912) y conoce muy bien esa villa de Madrid, ese Madrid de Arturo Barea, ese Madrid de Mario Camus, ese Madrid literario y político. Y ese día, el día que tengamos el Galdós de Arantxa Aguirre, será un día extraordinario para el cine español.
 

De momento, el reconocimiento desde Cádiz, desde Alcances no hace otra casa que proponer una llamada de atención al espectador, para que siga la pista de una Arantxa Aguirre que desde el cine que ha bebido desde la fuente infantil ha sabido fundirlo y fusionarlo hasta crear un lenguaje propio y reconocible.