Festival de cine documental. Del 25 de septiembre al 4 de octubre. CÁDIZ


Renate Costa

Renate Costa


Faltaban como unos cinco meses para empezar el Máster en Documental y había alguien que quería hablar sobre su candidatura. Quedamos en un café del barrio del Raval, en Barcelona. Llegué a la cita con prisa y creyendo que sería cuestión de media hora, pero me equivocaba. Renate ya había llegado. Estaba esperando en una mesa, con una taza, una libreta abierta y un bolígrafo. Seguramente hizo preguntas sobre el programa, no lo recuerdo muy bien, pero lo que sí recuerdo es que empezó a hablar de la película que iba a trabajar en el Máster. Estaba determinada a llevarla a cabo. Sabía qué quería contar. O, mejor dicho, sabía cuál era el fantasma que la perseguía. Ya desde ese día hablaba de Cuchillo de Palo.

Al año de empezar el Máster, cuando acabó la primera parte del programa, Renate organizó un equipo de trabajo con sus compañeros para hacer la película. Cada uno tenía un cometido preciso. Ella, que tenía alma de productora, lo había armado todo, sin cabos sueltos. Renate era perseverante, insistente y muy convincente, seductora. Lo había decidido y así se resolvió. Es ahí cuando empezó una aventura compartida, que sin duda alguna nos marcó para siempre, a todos y cada uno de los que tuvimos un papel en ella.

Pasaron cuatro años intensos y en 2010 estrenábamos la película en la Berlinale. Cuando nos anunciaron la selección, no teníamos nada claro que pudiéramos llegar a tener la película lista. Falta de dinero, el equipo agotado, el tiempo justo. Al final, llegamos con la película literalmente bajo el brazo, justo antes de su proyección. Ahora miro atrás, y lo que me viene a la cabeza es que ella seguramente "sabía" que lo lograríamos. No sé cómo lo hizo, pero convirtió la candidez en una extraña forma de sabiduría. No fue siempre un camino fácil -claro está, pero frente a ello a Renate la recuerdo con un elevadísimo sentido del compromiso. Tenía claro lo que quería y luchaba incansablemente por ello. Con actitud tirando a intrépida, a veces un tanto soñadora, aparentemente cándida, iba siempre hacia adelante. Pedía, pedía, pedía... le pedía a la vida. Eso sí, siempre con un gran sentido del humor, divertida, alegre y conciliadora.

Supo que tenía que exponerse a toda su historia, a toda una Historia si quería hacer las paces con aquello(s) que amaba. Supo que tenía que reabrir la cicatriz y hurgar en un pasado doloroso y conflictivo para poder sacudir el presente. Supo que el reencuentro pasaba por atravesar incomodidades y que haría falta una exposición sin límites para poder llegar a formular las preguntas adecuadas. Supo que asumir su fragilidad era lo que la haría valiente.

Y sabía perfectamente que, con este gesto, el de "cuchillo", estaba abriendo una posibilidad de cine no solamente en Paraguay. Esta no fue solamente su primera película, fue el principio de muchas otras. Con ella sentó un referente del cine en primera persona, donde historia e Historia se hacen magistralmente inseparables, donde a la vida y al relato no les queda otra que reconciliarse, donde la creación (lo poético) se convierte en el único lugar posible para la redención de la realidad. Ella, seguramente, todo esto ya lo sabía.

Marta Andreu Productora de Cuchillo de palo.