Festival de cine documental. Del 28 de septiembre al 6 de octubre. CÁDIZ


Homenaje a Summers

Homenaje a Summers


El 12 de junio fue el 25 aniversario de la muerte de Manolo Summers en Sevilla, la misma ciudad donde nació en 1935. 

Él mismo afirmó en más de una ocasión que le gustaba ir contracorriente, como lo corrobora el hecho de denunciar el amiguismo en el reparto de ayudas al cine, ya fuera durante el franquismo o en los años ochenta. Dos décadas antes, a mediados de los sesenta, no dudó en criticar la censura en entrevistas, bien en Pueblo, a Jesús Hermida, o en Sábado Gráfico. Precisamente, ésta última fue enviada a la Fiscalía del Estado por si sus declaraciones eran constitutivas de algún delito. 

Summers sufrió con extrema dureza los rigores de la censura a la que combatió. Como señaló el prestigioso crítico de cine José Luis Guarner, Summers “fue el primero en rebelarse de forma pública y sonada contra la censura”. Basilio Martín Patino era de la misma opinión: “soy testigo de su valentía, nadie llegó aún más lejos, para enfrentarse a la peste de los censores”. 

Pero por encima de todo esto, Manolo Summers fue uno de los más destacados cineastas de su generación y del denominado Nuevo Cine Español. Debutó con Del rosa al amarillo, aclamada por la crítica y premiada en el Festival de cine de San Sebastián con la Concha de Plata, entre otros premios. Con su siguiente trabajo, La niña de luto, Mención Especial del Jurado en el Festival de Cine de Cannes, se confirmaba que la buena acogida del anterior título no había sido fruto del azar. 

Tras un periodo de gran fertilidad, Summers logró un gran éxito con Adiós cigüeña, adiós, vista por 3.500.000 personas en España; fuera de nuestro país también logró unas cifras espectaculares: en Francia estuvo más de 15 semanas en cartel, en Venezuela más de 20 y en Colombia su recaudación superó a la de La naranja mecánica y El Padrino. 

Rodó en Nueva York Ángeles gordos, una historia de amor con mucha ternura protagonizada por dos personas con obesidad que escondían su verdadera identidad. Tras el fracaso comercial de esta película rompió por completo con su trayectoria anterior con la trilogía de To er mundo é.... En esta misma época rodó la parodia La Biblia en pasta, que no tuvo un buen resultado en taquilla, al igual que Me hace falta un bigote, uno de sus trabajos más personales. Apostó de nuevo por un cine más comercial en sus dos últimas películas, con el grupo de moda de la época, Hombres G, liderado por su hijo David. Fue su despedida de la gran pantalla; su obra continuó en televisión gracias a la serie de TVE, Cine por un tubo, en la que parodiaba diversos géneros cinematográficos como el terror, el western o el cine negro. 

Summers conoció el amargo sabor del fracaso con películas como Juguetes rotos o Me hace falta un bigote, pero de los veinte largometrajes que dirigió, la mitad superó los 900.000 espectadores. Además, sus películas lograron traspasar las fronteras y llegar a mercados poco transitados por el cine español como Escandinavia, Europa del Este, Canadá, el lejano Oriente y Sudáfrica.

Fue un hombre polifacético: además de director y guionista, coprodujo, actuó y escribió para varios cineastas como Julio Diamante o Fernando Fernán Gómez y participó en una distribuidora. En paralelo a su actividad cinematográfica siguió con su pasión por la pintura y el dibujo con viñetas en Pueblo, Hermano Lobo, que llegó a dirigir, y en ABC.

También apostó por el documental, al que dignificó notablemente con la excelente Juguetes rotos, su visión de los ídolos caídos en el olvido. Esta película, con la que se arruinó su autor, surgió como una búsqueda personal de Summers por Gorostiza, destacado goleador al que idolatró durante su infancia. Tuvo problemas con la censura por esta película al igual que le ocurrió con su otro documental, Urtain, el rey de la selva... o así, que esconde un claro alegato antibelicista en plena guerra de Vietnam.

Manolo Summers no dejaba indiferente a nadie y nadie, ni los más acérrimos críticos, podrá negar su talento y su fino instinto para el humor y para contar con tanta ternura historias de amor. A mediados de los años 60, Francisco Umbral llegó a escribir de él que “algún día se sabrá que sólo Summers ha filmado con veracidad y detalle la realidad actual de la vida española”. Muchos años después, Basilio Martín Patino, en la necrológica que publicó en el diario El País, destacó que había conocido “a pocos hombres de su genio, con una humanidad más generosamente noble, más bueno, desde su sonrosado aire de colegial díscolo y sentimental”.